viernes, 19 de febrero de 2010

Moraleja


.... Como temían que no funcionara lo del boca a boca, decidieron instalar unos potentes altavoces en la confluencia de las calles más importantes de las ciudades y pueblos de la provincia. No importaba comprometer con ello el presupuesto, no cabía detenerse a medir gastos, el caso era que la bola no creciese, que no se hiciese tan grande que terminara por explotarles en plena cara. De modo que el mensaje que se repetía en todas partes insistía en no hacer caso, en ignorar el aviso, la injustificada amenaza. Traducido, venía a decir a voz en grito: “No sean estúpidos, los dragones no existen”.

.... De modo que cuando la pequeña familia de dragones supuestamente escapada de un circo asomó por la avenida principal de la mismísima capital de provincia, corporación y ciudadanía los miraron sorprendidos preguntándose si el portento no ocultaría alguna especie de alegoría. Y algo debía de haber, sí, porque cuando se detuvieron, muertos de sed, agotados, encantados de encontrarse por fin entre gente que en lugar de correr a ocultarse les recibía, los dragones abrieron la boca y suspiraron levemente, agradecidos; mas ocurrió que al hacerlo así exhalaron unas chispitas que en seguida prendieron y fueron creciendo… Y antes de darse cuenta, la ciudad aquella tan bonita y receptiva ardía sin remedio, se consumía.

.... Y fue entonces cuando se hizo popular ese refrán que advierte: “Cuando la bola crece, fuego lleva. Si te alcanza, te quemas”.

.... En fin.

miércoles, 17 de febrero de 2010

La madre (II)

...
Sabia de un árbol torturado que merece ya descanso;
fuerza donde la existencia gravita, sosegada,
aun cuando se empeñe el destino en truncar sus ramas;
lugar donde las raíces más profundamente arraigan.
...
Ya herida por un rayo, el pecho atravesado de parte a parte,
cual madera noble pese a todo carcomida por el paso de los años,
no se doblega, resiste la madre —es origen, es árbol—
los embates de esa vida que, inclemente, pretende derribarla.
...

jueves, 28 de enero de 2010

Hagamos un trato

...
¿Recuerdas cuánto nos gustaba hablar, que peleábamos por hacernos un hueco e incluso temíamos rompernos los dedos, todos los huesos? Hagamos un trato, dijiste. Tú dibujarías en el aire las palabras, los sentimientos. Al anochecer, en la oscuridad, yo escribiría en tu cuerpo. Trazaría letras en tu espalda como si compusiera un verso, como si leyera para ti un poema de Cernuda, Borges o Benedetti, palabras-estrellas que no toqué allá en tu cielo y que tú me enseñas con la infinita paciencia de quien ignora las prisas, de quien, eligiendo la vida, hace de ella un viaje con destino incierto.

Desde entonces, cada vez que tus manos se abren al sonido de la risa, el llanto, la tristeza o la alegría y derrochan su magia envolviendo las mías, se me corta el aliento y sólo alcanzo a mirarte en silencio, muda la voz, detenido el tiempo. Esas manos que escribieron para que todos lo supieran un sincero te quiero, un te quiero que vuela ya en el viento junto a mi respuesta. Es cuando tus manos se lanzan así a volar que comprendo con cuánta facilidad alcanzas el cielo… y no tengo miedo; te sigo, no me pierdo. Lejos de ti es cuando descubro el vértigo.

A veces nos mira la gente en la calle con gesto indiscreto. No te molesta; te divierte su curiosidad, te divierte poder dialogar ante ellos de nuestros secretos, seguro de que muy pocos alcanzarán a entendernos. Los niños, sí, nos miran y en seguida advierten esa forma en que has elegido quererme… ¡Qué pronto nos comprenden! Sin abusar de palabras o gestos superfluos, qué natural es para ellos comunicarse incluso en silencio.

Yo también al fin lo comprendo: decirte amor con las manos es un privilegio.


Evelina Oliveira - "E o resto é silêncio"
("Y lo demás es silencio")

lunes, 25 de enero de 2010

La eterna sombra larga (*)

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Sabed,
sabed que hasta tal día como hoy, hace dos años,
en esta tierra de incesante lluvia, de niebla inescrutable,
brilló, no obstante, resplandeciente el sol.
...
De pronto el cielo oscureció, cayó la noche,
y la vida como era, feneció.
...

In Memoriam
25 Enero 2010


(*) Con permiso de Luis Cernuda...

jueves, 21 de enero de 2010

Albur

...
¿Para quién el abismal infierno,
para quién la promesa del edén,

para quién la gloria y la victoria,
para quién la derrota vergonzosa?
..
¿Para quién el Bien, para quién el Mal,
si nacieron al unísono y formaron unidad,
la cara y su reverso,
imagen, reflejo y complemento
donde mirarnos cada cual?


Ilustración:  Kelly Murphy

sábado, 16 de enero de 2010

Cruzar el umbral

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Era tal su temor a cruzar el umbral y pasar al otro lado que hasta la misma Muerte se apiadó de ella y decidió olvidarla. Sin embargo, llegó un día en que no pudo sino desearla y, llamándola, no obtuvo de la Muerte más respuesta que el silencio de la vida eterna.


lunes, 11 de enero de 2010

El no está ahí

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Cuando esa noche se abrazó, ávida, a su cuerpo, con ansiedad quiso retener sus sueños, poseerle por completo. Tan perfectamente encajaban el uno en el otro que parecían destinados a repetir aquella danza de dicha infinita, dicha hasta ahora desconocida, y que no quiso pensar ya a su edad inmerecida.

Mientras él todavía dormía, se liberó sigilosa de las mantas, recogió la chaqueta caída en cualquier sitio y depositó en los bolsillos un puñado de monedas con las que pagaba el disfrute de un cuerpo, caricias y besos que él sabía simular los más sinceros. Cuando hubieran de despedirse todo resultaría más fácil, incluso un hasta luego sonaría creíble, incluso podría insinuarle un ya sabes que te espero... No ignoraba que, a veces, el paso de los años, la edad, exige un precio; y pues había aceptado pagarlo, regresó a los brazos de su amante para abandonarse nuevamente a ellos, sin remordimiento.


Toulouse Lautrec
 "In bed", 1893