Esta mañana, a la vuelta de la ducha, el padre ha seguido pasillo adelante y ha ido a encender la luz en una habitación ahora vacía; allí ha permanecido de pie, mucho rato, con la mirada perdida, reconstruyendo lo que ya sólo el recuerdo permite, acaso preguntándose cómo fue posible que aquella otra mañana, tan temprano como hoy mismo, mirara dormir a su hijo sin percibir que su sueño era distinto.
Esta mañana, el abuelo estrena zapatos. Les da el visto bueno, son cómodos. Por eso, cuando asiente y sonríe, nadie le dice. Si supiera que antes que él los ha calzado su nieto, olvidaría toda noción aprendida, el instintivo acto de caminar; caería al suelo, vencido, cual atravesado por una lanza de hierro maldito.
Esta mañana, el hermano vuelve a fingir la valentía que no siente; viste la coraza que encubre su dolor, sus miedos, aquello todo que tanto le duele aunque sus manos avancen a ciegas, abiertas…
Y así, doblegados por La Ausencia, tratando de hacerle un hueco en sus vidas, van pasando los días. Algunos son tan tranquilos que incluso halla un resquicio la risa, otros son turbulentos, conformados a base de una rabia infinita, y la misma pesadilla.

Daniel Bathaver - "Ocaso"