lunes, 14 de septiembre de 2009

Espacios abiertos

—¿Tiemblas? —preguntó al percibir en ella un levísimo estremecimiento.
Estaban solos los dos en la galería, espaciosa y de altos techos evanescentes a la mirada, el albo sofá próximo a las ventanas con vistas al Jardín Botánico, abiertas al sol de media tarde de un septiembre en cuyas cenizas se había demorado el verano. Él se apresuró a manipular un control remoto que graduaba a voluntad la luz y el aire, y culpable por haberse apartado ese sólo instante, cual si la hubiera abandonado a su suerte, desatendiéndola y acaso olvidado, regresó a su lado para preguntar nuevamente y con ansia.
—¿Tiemblas? Pero, ¿por qué?
Ella no logró responderle, aterrorizada como estaba por lo ceñido de su abrazo.


6 comentarios:

Fusa dijo...

Con pocas palabras. Y con las adecuadas. Y con las necesarias. ¿Verdad?
Un beso, Wara querida.

Wara dijo...

Hola, Fusa; con frecuencia basta con poco para entenderse.

Besos.

Malena dijo...

Hola Wara. Pienso que hay momentos en los que equivocamos nuestra conducta y quizás él no debió de dejarla ni un momento sola. Quizás eran palabras lo que necesitaba para alejar el temblor.

Mil besos.

Wara dijo...

Quizás no debió dejarla, pero yo pretendía que sí lo hiciera; es decir, si ella tiembla y está aterrorizada es porque tiene miedo de él, que la tiene demasiado "arrebujada". Ay, bueno, pero está bien que pueda entenderse de ambas formas, como tú dices, que ella lo precisara a su lado.

Un abrazo fuerte.

Calle Quimera dijo...

Hay amores que asfixian. Y hasta que matan... Hay muchas formas de matar a otro, y es privarla de su libertad, de sí misma, en un insano afán de posesión.

Muy bien captado, Wara..

Besos.

Wara dijo...

Existen personas que se empeñan más en matar de este modo, que es infinitamente más cruel que acabar físicamente con una vida.

Un abrazo, Quimera, buenas noche.