viernes, 13 de noviembre de 2009

El contrato

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—Supe desde el principio que fracasaría contigo —los atractivos rasgos de Oblivio se difuminaban en lo que no disimulaba una horrenda apariencia, al igual que su voz, suave y próxima, no ocultaba una cavernosa procedencia. La encantadora sonrisa se había tornado rictus al escuchar la petición del anciano, su empeño.
Se paseó, impaciente, de un extremo al otro de la estancia. Prendió luz en una lámpara que amortiguara las tinieblas, escanció un oscuro licor en copa tallada, añeja y valiosa y bebió largamente, cual si nada hubiera de saciarle, aunque de algún modo pareció aplacarse.
—Incluso pensé en la conveniencia de repetir el proceso —añadió entonces—, pero no era cuestión de darte más de aquello por lo que habías pagado, al fin sólo pretendías el sosiego del olvido, no sumirte en el descanso eterno de la muerte.
—Devuélveme mis recuerdos —insistió Memoro sin osar fijar la mirada en los ojos de Oblivio, donde no ignoraba se ocultaba el mayor peligro—. Es viernes, trece, y medianoche, así consta en el contrato.
—¿Acaso no has sido feliz a mi lado? ¿No te he ofrecido todo cuanto me has pedido? —preguntó el hechicero con feroz sonrisa, ignorando el pliego de papel que le ofrecía aquel hombre de apergaminado rostro y cabellos canos—. ¿Estás seguro de que es recordar lo que en verdad deseas? ¿Merecerá la pena recuperar inciertas alegrías, un dolor asegurado, el sufrimiento, la conciencia de la desgracia…?
Llevaba tanto tiempo aguardando este momento, tan larga eternidad teñida de impaciencia, que ahora que finalmente Oblivio había comenzado a desabotonar el oscuro manto con que habitualmente se embozaba para resguardar la memoria de todo y los recuerdos ajenos, el anciano Memoro podía incluso permitirse dudar.
—Reniego de esta existencia suspendida entre sombras y en medio de la nada. Es mi vida la que quiero, la que en un momento de debilidad me arrebataste —respondió Memoro, sin embargo—. Devuélveme todos mis recuerdos, sean de felicidad, o bien de infinito sufrimiento.
Y fue así que Oblivio, Señor del Olvido, ahuecó su manto con aburrido gesto (quizá más satisfecho que decepcionado por cuanto no había errado en su impresión respecto a la elección de Memoro), y la memoria de los días y años pasados retornó al anciano.

Cueva de Ekocjan - Eslovenia

8 comentarios:

carmenneke dijo...

Me estoy quedando sin adjetivos para decirte cuánto me gustan tus cuentos. Precioso Wara, simplemente precioso.

Fusa dijo...

¿Has visto Olvídate de mí? Mientras leía intentaba recordar el nombre de la película. Me ha recordado mucho el tema: el olvido, el recuerdo, el poder de quitar la memoria...
Me ha gustado mucho.
¡Deberías reunirlos o hacer algo!
Un abrazo.

Eritia dijo...

Bonito cuento y buena moraleja. ¿Cuantas veces a lo largo de nuestras vidas deseamos el olvido como solución erroneamente a nuestro presente?. Vivir sin pasado es no vivir. NUestro presente aunque duela lo conforma el pasado.
Enhorabuena. Saludos
Eritia

Wara dijo...

Neke, pues el problema es recíproco, porque yo sólo sé decir gracias para decir gracias, jaja.

Fusa, no vi esa película, hace demasiados meses que el cine ha quedado postergado, y mira que me gusta. Tomo nota del título. Los cuentos, bueno, entiendo a qué te refieres, pero ya están reunidos aquí. Gracias.

Eritia, pienso que uno es su pasado; si careces de él, es como si te fallara el apoyo. Gracias por tu visita, encantada.

Gracias a las tres, un fuerte abrazo. Estamos atravesando una fuerte tormenta acompañada de los habituales cortes eléctricos, de modo que corto y cierro. Besos.

carmenneke dijo...

Fusa tiene razón, la película "Olvídate de mí" tiene mucho que ver con el tema de este cuento. Y es una de las películas que más me han gustado, tienes que verla Wara, merece muchísimo la pena.

Y olvídate del horroroso título que le pusieron en español, el título original es "Eternal Sunshine on the Spotless Mind", basado en estos versos del poeta Alexander Pope:

¡Qué feliz es la suerte de la vestal sin tacha!
Olvidarse del mundo, por el mundo olvidada.
¡Eterno fulgor de la mente inmaculada!
Cada rezo aceptado, cada antojo vencido.

Wara dijo...

Qué desastre, no sé qué pretenden algunas personas al poner títulos francamente horrendos a libros o películas, máxime cuando se alejan tanto del original.

En fin, como ya había anotado el título de la peli, ahora hago lo propio con Pope, al que sólo conozco por algunas citas leídas al azar. Me da la impresión que la asociación puede ser tan provechosa como lo fue en su momento la de "Esplendor en la hierba" y William Wordsworth.

Un abrazo, Neke.

Anjanuca dijo...

Me pasa como cuando leo un libro que luego paso de la película.

Después de leer este cuento... me niego a ver la película de la que hablan Fusa y Neke. Seguro que la peli pierde mucho ;)

Besucos.

Wara dijo...

Jajaja, que no, hay que poner distancia, Anjanuca. Si tienes ocasión, échale un vistazo a la peli que yo ya me estoy ocupando...

Besos.