...
... —Dejaste que se fuera —creyó oír que le decía una voz a su espalda.
... —Dejaste que se fuera —creyó oír que le decía una voz a su espalda.
... René se giró bruscamente sobre sí mismo; las hojas del temprano otoño ya cubrían el camino que lo condujera al lugar exacto que había venido buscando, desierto a aquellas horas y acaso a cualquier otra. Fue al dejarse caer en un banco próximo, rendido al desánimo, vencido, cuando reparó en la estatua que, ignorando al mundo, permanecía absorta por toda la eternidad en su inmenso silencio, soledad y dolor. El, orgulloso de mantener los pies firmemente arraigados en la tierra, inmune a cualquier clase de ensoñación, miró a la estatua buscando comprensión, tal vez hasta indulgencia.
... —Has malgastado tu vida persiguiendo una fantasía. La has desperdiciado viviendo una ilusión… —oyó que le recriminaba la estatua—. Y las has perdido a las dos, a Mercedes, la mujer que te amó más que a sí misma y a aquella que elegiste amar y nunca te correspondió.
... —¡Pensé que Marina era mi verdadero amor…! —dijo René con sincero convencimiento.
... —Tu vida ha sido un continuo correr tras el viento —sentenció la estatua; y luego añadió:— La arena resbala de entre los dedos, el viento se enreda y entretiene en los cabellos, pero en ellos nunca permanece… Para cada pleamar existe una bajamar, junto a la luz convive la oscuridad… Sin embargo, se va el tiempo para jamás regresar y lo que de él depende, se pierde y también se va.
... —Mercedes no volverá… —asintió René, postrado ahora de rodillas junto a la sepultura de quien tanto lo amara sin reclamos ni imposiciones. Tomando conciencia por primera vez de su equivocada decisión, volvió los ojos a la estatua e inquirió:— ¿Por qué se nos permite correr tras el viento? ¿Por qué nadie nos advierte…?
... —¡Advertir…! —murmuró la estatua con amarga sonrisa—. A un niño se le consiente porque a él pertenece la facultad de soñar. Luego, ya adulto, debe descubrir el momento de parar, debe comprender que el viento viene y se va, a su capricho o voluntad. Correr tras el viento es perseguir un imposible y, desear apresarlo…, ¡simple vanidad!






