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lunes, 12 de abril de 2010

La memoria del corazón

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... Cuenta una leyenda que cuando Hakîm y Karîm, dos buenos amigos que viajaban juntos por el desierto comenzaron de repente a discutir, el primero, ofendido, se detuvo y escribió en la arena:

... —Hoy, mi mejor amigo me ha dado una bofetada en el rostro.

... Continuaron luego viaje hasta llegar a un oasis donde decidieron darse un baño en las frescas aguas del manantial. Hakîm perdió pie y, a punto de ahogarse, fue salvado por su amigo. Nada más recuperarse, tomó un estilete y escribió sobre una piedra.

... —Hoy, mi mejor amigo me ha salvado la vida.

... Intrigado, Karîm preguntó:

... —Cuando te sentiste ofendido, escribiste en la arena. ¿Por qué ahora escribes sobre una piedra?

... Y sonriéndole, Hakîm respondió:

... —Cuando nos sentimos ofendidos por un buen amigo, debemos escribir lo ocurrido en la arena para que el viento del olvido y el perdón se encargue de borrar la ofensa. Cuando, por el contrario, un amigo hace por nosotros algo grande, debemos grabarlo en una piedra, la memoria del corazón, donde ningún viento pueda borrarlo jamás.

(Leyenda árabe)

lunes, 7 de diciembre de 2009

Alectrión, el nacimiento del día

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Cuentan los viejos pergaminos cómo, después de haberse citado con Afrodita, el belicoso Ares encargó a su confidente Alectrión que custodiara las puertas del palacio de la más bella entre las diosas para no ser sorprendidos por la llegada del Sol. Ocurrió, sin embargo, que Helios burló al joven vigilante presentándose oculto tras una nube y fue así que pudo sorprender a los amantes en el momento de la traición; denunciado el hecho ante el esposo de Afrodita, el lisiado Hefesto, éste tejió una fina red de plata con la que envolvió a los amantes y los expuso a la vista del Olimpo para su vergüenza y escarnio.

Pasado un tiempo, olvidada la burla y la humillación, olvidado acaso su amor por Afrodita, quizá recluida todavía en alguno de sus templos en la isla de Chipre, lo que Ares no olvidó fue su venganza. Buscó a quien fuera su fiel confidente y transformó a Alectrión en gallo, condenándolo por toda la eternidad a cumplir con el ritual de anunciar cada mañana la llegada del sol.

De esta historia se derivan ciertas cuestiones, pero dejando de lado las que se refieren a la traición urdida por los amantes, al engaño, quién fue burlador y quién burlado, qué justo castigo merecieron los dioses implicados si merecieron alguno, cómo los dioses celebraban la caída en desgracia de sus hermanos, yo me planteo un único aspecto, el que considero más importante:

¿Fue realmente castigado Alectrión o, por el contrario, resultó honrado?

Porque, ¿acaso no es un privilegio anunciar la salida del Sol, el advenimiento de la luz, su dominio sobre las tinieblas, la rendición del oscuro e incierto reino de la noche que acepta doblegarse ante la diafanidad de una mañana devenida esperanza?